He perdido el norte

Ahí donde mueran mis mañanas en el amanecer de mi tiempo contado como los granos de un reloj de arena en el repiqueteo incesante del silencio como una advenida sombría en que los demonios surcarán mi Atmósfera para arrastrarme con ellos a muerte de las muertes allí donde mis leyendas se pudran y se corrompa mi voz en los granitos de las piedras en el nicho de mi tumba donde se descompongan mis héroes y mis heroínas sea donde mis amigos me olviden y sigan su ruta por la vida ahí moraré por toda la eternidad. No haré la cama difunto mi cadáver sobre las sábanas mi cabeza hecha un nudo contra la almohada mi sangre derramada salpicando la pared como un mosquito aplastado y ni una lágrima vertida por mí sobre la alcoba fría en los deshielos de mis dedos que buscarán en el aire el amor Dios y sólo encontrarán vacío. Surcarán las nubes el cenit como  hace eones en el aurora de la defunción y los pájaros seguirán volando y este hijo agarrado a mis entrañas fenecerá sin conocer a su madre ajena al parto de la negrura de mis huesos calcinados por la existencia baldía del deambular para aquí o para allá sin un destino fijo rumbo a las simas que me esperan en mis interiores para lanzarme buscando los picachos en una caída sin fondo.

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