No he dormido pensando en ti en las dobleces que te anudan en mis suspiros al viento que te llegan insomnes y sordos anunciándote una buena nueva. Se han perlado lo sueños en los que te veo  radiante y elevada sobre las piedras puntiagudas manchadas de sangre negra. En un albur inconciso te veo resplandeciente con átomos laureándote en la frente difuntas las amantes que vine amando hasta que te encontré en la heladera congelada con tu corazón palpitante que latía por un ideal todo hecho de diamante en las negruras que separaban tus ojos sacros de los míos endiablados que escrutaban en las negruras las distancias y las latitudes que de ti me separaban. Corríamos por Mundo Gnomo raudos y felices compartiendo la dicha y la alegría convertidos en Centauros sacrosantos encantos con lo que allí se nos mostraba y tu tocabas la flauta y yo te seguía mujer hermosa donde las hubiera pero la tormenta matinal ha segado el aurora en la cual nos adentrábamos hacia la profundidades de Gnomolandia acompañados por nuestras desnudeces y he despertado: tú has desaparecido en las penumbras opacas y yo sin saber si estaba en la vigilia o lo he ensoñado me he dado de canto con los dientes en el dosel de la cama mientras tu te diluías en las fauces feroces de las tinieblas y mi cuerpo regresaba a la condición humana.

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