Los niños no tienen culpa

En los desiertos arenosos de mi mente dejé varado mi yelmo de guerrero y mi lanza apartada para amilanarme en una leyenda hecha toda de silencio en las vértebras de mis poemas que ha caído fusilados sin que nadie los lea. En los costales del cargar mi cruz he ido soltando lastre hasta quedar sedado por el tedio que triunfa sobre mi cabeza sin aburrirse día tras día y yo enroscado en los vicios voy muriendo de inanición mi intelecto se desintegra en la soledad de mi tiempo perdido colocado hasta las cejas miro el reloj ya no me interesa ni el sueño extraviado en las corrientes de Onírica persigo un ideal esquivo Claire se dice llamar más yo equipado con una corona de rey no emérito de los poetas levanto el cetro de laurel lleno de sangre y mierda esperando al que viene después de mí lo recoja y le saque todo el partido limpiando los pañales irreciclables del hombre y construya un puente por donde pase una masa ingente porque yo sólo dejo una cuerda resbaladiza y mugrienta no tengo nada más para hilar y sé que otros dejarán la pasarela más estrecha que mi soga así irá pervirtiéndose más y más la humanidad hasta que la mayoría acabe en infiernos peores que este.

(Pontífice nº13)

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