Rocas manchadas de sangre

Amanece como hace eones en Eideen las sombras pletóricas de amor se retiran lentamente y quedan expuestas a la luz una millonésima de segundo para que puedas contemplar cómo se escabullen en la oscuridad de las solitudes que van relegándose  inmisericordes en las faldas de la noche que ha pasado aniquilada por el sol que impone sus reglas que se pueden alterar si las pupilas están muy abiertas y planean y se sumergen por arriba y por debajo de la humanidad. Las calzadas expiran el humo de los siglos en la involución hacia el agujero negro los hombres pisan un abismo y no se dan cuenta mientras los árboles observan las piedras sonríen y puedes alcanzar a ver el rostro de los átomos del aire. Y sólo se ven porciones de los rostros que ocultan deformidades en sus ojos de todo lo que se traga a diario de las maldades que corroen a la humanidad y la inmunizan contra el mal ajeno que va corriendo haciendo mella en el dolor que impera de cabeza a cabeza y la hipocresía se presta a coronar la especie que se auto inmola pensando que con tener la vida resuelta ya han cumplido y está todo hecho. Aguarda un Éxodo: se buscan profetas íntegros que hayan muerto debajo de las piedras o en el ostracismo más extremo.

(The Last Levi)

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