Estertor antes de la primavera

Vencido en las corrientes aéreas del destino de una sombría leyenda que las olas del mar se lleva rumbo remolinos gigantes en las eras predestinadas al azar de los movimientos destructivos del hombre que no para de ensuciar con su forma sacra el planeta Primordial en el cual vivimos. Cuna y tumba es Eideen y pasajeros los sinos que anclan sus clavículas al infierno del morar por la tierra. Se deshacen las máscaras como barro seco y agrietado en los tumultos del paso del tiempo en los rostros agrios de los adultos encenagados en avatares existenciales. Y en los pasos esenciales a los mundos allende este muchos se atascan y otros muchos no tocan el suelo y se levantan para continuar sus quehaceres en los deberes de propiciar impulso a la especie humana. Más yo seducido por la muerte dejo de lado las obligaciones del vivir en lo posible alegre mientras me hundo entre simas y fosos atravesando marismas en los posos abisales. Y la dureza de las piedras se me clavan en los pies cuando intento incorporarme al reino de Eideen sin más motivo que descender en la espiral que me agarra desde la suela de los zapatos a las canas de la cabellera sin importar que en este precioso y preciso momento me muera.

(Gabriel)

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