La pleamar de los espectros

(La pleamar de los espectros). Ya ha pasado el tiempo y ni una brizna de esperanza ha perlado mi rostro que se descompone en grietas de tristeza a medida que se van apagando mis ojos en negritudes espantosas mientras las lágrimas reprimidas se aguantan en los ojos intentado desgarrar los iris cuyos colores se ahogan en marismas pantanosas  por mis hijos que no verán la faz de la tierra ni el rostro de Eidiina. Ellas hace tiempo que marcharon campo a través huyendo de mí y mis manos sólo rascan el desespero sin armonía de las horas del tedio con mis uñas rascando la pintura blanca del encalado de la habitación donde me consumo en agrias esperas del canto de las Moiras que dicen que va llegando mi hora. Y pertenecen mis instantes al vacío allí donde la nada va dando cuenta de mis momentos baldíos en las solitudes de los espasmos del despertarse antes de hora a los movimientos circulares del planeta Eideen con los pies tropezando en cada esquina y mis dedos arañándome la sien. Y ya no hay faldas ni sujetadores ni braguitas manchadas con mi semen solo la aurora de los solitarios que apunta la veleta septentrional a los nortes del sistema radial de mis amores perdidos en avatares maltrechos navegando sin destino persiguiendo solaces fantasmas de carne que se convierten en hielo congelado en mis sueños y en  bruma al despertar.

(Gabriel)

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