El hilo rojo

Una jornada más entre brumas y vapores el sol se desliza sobre el horizonte caldeando las regiones del Hemisferio Norte donde corta las horas en silencios escindidos de las quebraduras del hielo donde se esculpen las imágenes de amantes enamorados por toda una eternidad girando ante el cosmos que mira complacido que el amor también corría en la humanidad. Ahí he entallado yo con sufrimiento los inmaculados ribetes redondeados de los bordes amables bellos y bondadosos del torso de Claire. Mas las noches giran en el destino atroz del deshielo y la escarcha rodea mi corazón que se agrieta fraccionándose en mis razones para seguir amando a un espectro fantasma que no sabe que entre la fila de admiradores yo soy el más ferviente que se deshace viéndola agarrada a su amor terreno. Y del hilo meñique sale un hilo rojo que a Ella me une que aunque no lo sepa es irrompible. Y carraspeo entre cirros nicotinosos y veo hileras de mujeres a la puerta de mi castillo pidiendo mi semilla más hasta que Ella no llegue en carros de fuego sobre las nubes no saldrá de dentro de mí nada ni un vástago con la materia para que me tire de nuevo de mi trono.

(Apolo 13)

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