A toda castaña rumbo la desintegración

Hubo una vez que amé las formas perladas de Claire en los encantos de los días perdidos de mi vida que se fueron por el sumidero de las horas podridas. Como un feligrés perdido en su faz adoraba las formas volubles de la despedida en que añoraba el próximo futuro yo muerto bajo las losas mortuorias de un apartado cementerio. Y la luz se desliza quedamente entre la brisa dejando al desnudo mis nalgas que corren estampándose contra invisibles paredes avanzando ningún paso adelante y pero dos hacia atrás. En los filamentos de la marea negra nuevas guerras se concatenan con otras viejas y la sangre del hombre corre mientras en las alturas sólo miran el descalabre humano que acaba en silla de ruedas mientras a mí sólo me hace sonreír esa cara que tanto anhelo esos perfiles bordados con cinceles extraordinarios como venidos del planeta Venus para dar alegría y entusiasmo a los amantes solitarios que lo darían todo por amor. Llueven gotas grises y yo en la jaula concibo quimeras extrañas somnoliento y depresivo por los tragos de cerveza o alterado y nervioso por los sorbos de taurina. He sido feliz en los sueños me encuentro con Ella y la abrazo y huye riendo por las nubes oníricas en realidades que traspasan metafísicas fronteras para despertar y ver como se escurren entre mis dedos los pelos de su cabellera.

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