El suicidio de un poema

El oleaje sacude mis vacíos desde la Marea del Mar Negro que sube al Mar de los Sargazos y por bajo tierra se filtra mi desesperanza en las galernas que estallan contra la costa del Mediterráneo cubriendo del doble filo la nostalgia las playas. Y yo no quiero regresar tras mi infancia en las luces de las estrellas que me acunaban y el sol era mi aliado. Pero ahora con el astro solar en contra día enemigo se evaporaron las batallas en las que ganaba jornada a jornada en los desvíos de los caminos que fueron todos a dar a un precipicio que se abocaba con todos mis sentidos empalándose uno tras otro en los picachos de la nada. Y no hay vuelta atrás sino seguir caminando todos los días rumbo cualquier dirección agarrado a la mano de la Parca que me lleva por un camino de espinas puntiagudas mientras me aguanto las lágrimas. Centro de agujeros que hacen mella en el cerebro mino de bombas atómicas mi cerebro dejando tan sólo mis ojos frente a la claridad solar avanzando en las sendas oscuras con un manto de negrura cobijando mi corazón. Apretado contra el fuego furioso embarrado de inconsciencias inhalo la cercanía de la muerte a cada instante que me aprieta y me fustiga con un látigo de siete púas y yo deseando los métodos de Tánatos los Dioses me dicen que eso no puedo ser que he de sufrir la dolorosa muerte del hombre yo Tirado al Suelo por un hijo que me culpaba va repitiéndose la escena pues él también anda por la Tierra, ¿cuando al fin tendrá fin este descalabre y me sentiré libre de los ambages que encadenan y delimitan mi libertad de volar agarrado de la mano con mi esposa y que mi hijo me halla perdonado?

(Apolo 13)

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