Planeando en el vacío

El viento sopla de Tramontana y da a la cara magullada en las marmóreas heladas que me hacen temblar de cuerpo y alma contra las aceras y las ventanas cerradas. Un nudo se aferra a mi garganta mientras avanzo azotado por el aire y una sonrisa se me dibuja en la cara pensando que Dulcinea me ama. En los clichés de los amores encontrados en las distancias de horror hallé los ojos y las formas que me aferraban a un destino infausto amarrado a una nube como ideal en los hemisferios de espanto que separaban su hálito del mío en las bonanzas del ciclópeo ojo del huracán que arrasaba cuando pillaba en los páramos congelados del adiós para siempre convaleciente de despedidas en los estados limítrofes del alma que ya no podía despedirse encadenado a los campos de trigo de la humanidad cuando la hallé tan bella libre de molestias en los suspiros cruzados que se concatenaban como las diferencias radiales en el esquema dorsal del firmamento yo agarrado a su falda mientras volábamos y que iba deshaciéndose Ella elevándose a los cielos y yo cayendo a los infiernos.

(Gabriel)

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