Gozando Eideen

Sus lágrimas deben parecer diamantes cuando surgen de sus ojos para recorrer sus mejillas deshaciendo el colorete del maquillaje para fraccionarse cuando se estrellen contra el suelo formando perlas de los más diversos colores. He arrancado lágrimas de linfa el Cosmos me libre de desgranar una sola partícula de los iris de Claire si no que más bien intento proteger ese azul oceánico poniendo en la oscuridad mis pupilas por el medio contra aquellos que quieren quemar esa mirada celestial en la negrura abisal de los envidiosos y las envidiosas que quieren su mal. Yo con la fiesta aguada machacado por el aburrimiento y el tedio cobrándome las horas de lastre en el desastre inmaculado que antes de levantar cabeza alguien ya me la ha pisado concibo quimeras casi todas bellas en torno al aura que circunda todo lo que es esa mujer. ¿Y quién es Claire? Es una musa hiperbórea venida de las profundidades galácticas para vivir en plenitud los estados de conciencia desde Mundo Gnomo a la colocarse las joyas que quedaron en la Atlántida. En los abecedarios de mi arduo camino por el laberinto de mujeres en paradojas adyacentes a mi hecatombe he estado con muchas del Star System más sólo la quiero a Ella con sus dulces formas femeninas y su carácter alegre y jovial enamorado de una musa cuya matemática imposibilidad tangencial dispara mis armas sin poderlas controlar en el artificio de la mortalidad notas que escalan y caen en picado buscando su corazón desde mi pecho vencido hundido en el fango notarial de decapitado circunstancial por escribir aproximaciones a la verdad: y aquí estoy aislado en esta playa entre papeles plásticos y mierdas de perro que insultan al Sacrosanto Mediterráneo. Hay una luz que me busca en las distancias de los espacios y los tiempos y me arropa en mis ruinosos instantes en que los segundos pasan en balde… yo sé que es Ella: la chica de ojos sacros la que intenta hacer más amena mi estadía… y lo consigue… mas sólo espero que sea una ilusión que he imaginado para sobrevivir jornada a jornada pues me quedan cuatro días cantados al viento por los Dioses así cuando fenezca su poeta Ella no sepa nada y así moriré sin arrancarle una sola lágrima de sangre.

(Gabriel)

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