La queja de la tormenta

Dejo caer mis dedos muertos sobre la superficie helada de mi cara cerrándome los ojos a la realidad que machaca imperando sobre los mundos que hay detrás de mis párpados. En los monólogos con el viento soplaban los extravíos en derivas cautivas en el estancamientos de mi cuerpo con sus años vencidos suspirando que ya de una mi espíritu dejara mi cuerpo. En las poleas que giran del revés mi cuello atrapado sin poder crecer en los cáñamos que expían dolorosas existencias en los posos dorsales de la espina escapular de los abismos en ciernes. Hay minutos de paz entre horas de guerra en las batallas por llevar el intelecto humano hacia más allá de las estrellas pero los segundos que suceden engullen la materia en una Atmósfera de tedio que devora desde los tendones a las médulas. Y hay calma en medio de las destrucciones cuando las bombas caen en la mente destrozando todo lo que pueden y prevalece la ataraxia como un tonto cegado por la primera partícula de aire que toca la pupila no estando preparado para calzarme los zapatos. No hay luz en las afueras que orbitan el extrarradio de mi alma sino sombras maliciosas que me empujan a saltar por el acantilado. Anillos argollan el universo más en mi cerebro se fugan las constantes vitales hacia un agujero de olvido impuesta y desidia agorera por tocar la faz que quiero. Mis manos tristes aguaceros hincadas a las venas de lo etéreo vislumbrando en las cornisas del sueño desesperanzas varias en los huracanes que se van llevando mi vida a oquedades insertas en los desagües del despeñadero cansado de soñar con ángeles cuando tirado en el suelo apurado vienen a despertarme sin yo llamarles. Y los caminos son de cieno he mermado tanto que me he convertido en un anacronismo de la vergüenza del hombre que trata así a sus poetas que dan el rostro desnudando su corazón y subastando sus substancias con las razones que ni las musas entienden fusilando la esencia de los árboles con supercherías baratas que van aproximándose a verdades que no son tolerables por sus coetáneos que miran hacia otro lado como diciendo «Eso no existe y tu nombre no es publicable». (Gabriel)

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