Pandemonio Infantil

Las calaveras confundidas corren por los cementerios en los días de lluvia torrencial reescribiendo en sus epitafios una y otra vez «lo hicimos mal y ahora nos toca expiar nuestros pecados». En dientes que devoran al abismo fuertes tormentas agitan las losas llamando a los muertos que se ufanan con lágrimas en los ojos surgidas del blanco óseo de sus cuencas oculares a paliar y aunque sea post mortem decir la verdad y esgrimen en las lápidas «Oh no piedad». La demonolatría surge del césped del campo santo como una fantasmagoría que embarga desde los panteones a los nichos como una bruma verde donde saltan y brincan los diablos contentos en la antesala de infierno arrastrando a los difuntos a la entrañas del Orco. Mas fulge un albur de esperanza en los cielos encarnizados del amanecer cuando el sol surge todos regresan a sus tumbas de ayer en ayer rutilando la redención en la sangre de los vivos que no ven que el horizonte mortuorio les segará también y formarán parte del pandemonio escrito con mala caligrafía el hacer que lleva al horror en los fenecidos en un minuto en un segundo en una hora en la neblina que recorre los hospitales en el no practicar el bien cuando se vivía.

(The Last Levi)

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