Un segundo de paz

Y yo no quería despertar hoy ni que mi dedos se deslizasen por el teclado para escribir más poemas como un amante desvencijado en los acordes del estado primario de los enamorados del morirse a tiempo sin que pase un sólo minuto más que discrepe de mi hora marcada para convertirme en comida de gusano. En las manadas de mastodontes empujadas por el celo surgían nubes de tormenta en las idiosincracias del poeta que ya no quería más que muerte en vena. Y corriendo por las avenidas cubierto de sudarios demacrados por los solsticios del verano en las primaveras sin amor y en los inviernos helados con besos congelados en la nevera del desamor desprendiéndose de todo con la substancia y la piel escarchada de un fuego doloroso toda una vida de sabor agridulce de pensamientos odiosos y cariño y candor a partes iguales. En los cometas que volaban cerca de la tierra a velocidad tangencial surcando el universo me vi envuelto en una existencia que yo no quería que de haberlo sabido no hubiera venido a la Tierra. Bosques frondosos en la tupida madreselva que escala llena de ternura buscando el sol más yo reconcomido por la venganza en las horas de sol lanzo lastre mientras me viene más peso que tengo que soportar con el pecho quebrado convirtiendo en plomo mis ojos en las aventuras de demonios y fantasmas todo escampado y espantadas las pesadillas en ingenierías psíquicas con las manos abiertas como un tonto… de toda la imaginería ¿a quién me quejo?

(The Last Levi)

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