Años 90

He perdido tantas oportunidades dejando escapar labios que quería salivarse con los míos pero yo dios tirado al suelo ante las manadas de chicas de las discotecas que pretendían sexo de una noche me fugaba al coche a esnifar cocaína o tomar lo que fuera en las facilidades nefandas cuando ellas ataviadas para la ocasión hacían cola y muchas se quedaban sin nada. En los desfases nocturnos de los fines de semana hordas de chicas pretendiendo lo mismo acechaban y con cuatro risas te las llevabas al huerto. Se hacían apuestas a ver quién más se llevaba siendo las cifras estratosféricas antes de que el sol asomara. Yo enfermo de contactos desesperados alguna me llevé nada comparable al hacer de mis amigos que dejaban una e iban a por otra dispuesta casi abierta de piernas. Y yo colocado hasta las médulas las dejaba pasar y me iba a casa de vacío ensoñando sus carnes trémulas y dispuestas al acto en los bancales de las discos o en el asiento trasero del auto o sin ir más lejos en los baños nefandos de los pubs donde el agua estaba cortada para que los incautos consumieran e hicieran más rico al dueño. Cansado ya así enfilando el coche hacia la humedad fácil todo pasado de rosca me iba a las prostitutas que me parecía más legal que ir ligándose a toda esa caterva de fogosas para hacer colección en las apuestas que si se perdía uno eran ocho y el otro nueve. No había más noche y yo arrastrado como un gusano en el bajón de la castaña ya he ido olvidando las prostitutas que me decían «tú qué haces aquí» y que querían besarme en los labios.

(Gabriel)

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