La tienda de campaña del antiprofeta

En los puertos escarchados de la desesperanza la muerte sorda me seguía a cada paso que daba mirándome eternamente a los ojos con un amor que no calculaba los deslices y los tormentos que me asediaban en cada latido y a cada momento un amor que traspasaba las colmenas férreas del extrarradio de los vivos para adentrarme a cada jornada en el vagón que a la defunción llevaba. Una mirada a los cielos azules acometidos de nubes blancas y puras crinadas en las alturas la bruma de mis días que se esfuman en andanadas de locura rumbo extrañas partituras que componen melodías y tragicomedias en el estertor pluvial de mis lágrimas involuntarias que Laura recoge sin que haga falta. Acecho desconfiado las corrientes humanas lo bueno y lo malo lo mezclo en una copa de cristal de murano y me lo bebo para implicarme en una hipoteca que más allá de un contrato con el hombre es un acuerdo con la Tierra. Rumbo cumbres escarpadas elevadas miles de metros sobre el mar en la maravillosa idea de que el hombre tenga que casar con la naturaleza para erigir un Aperion pues sin éste no tendremos donde morar cuando todo se contraiga y el aire no se pueda respirar. Sé lo qué he visto en mis carreras centrinas la tristeza apegada a Gaia por los niños que se han perdido y se extraviarán en los consensos de los profetas que en la Casa de ellos celebran ya la victoria confiados en que vencerán sin tener en cuenta donde encalarán al intercesor de los dioses para que diga: ¡Oh Padre mátalos ya a todos!

(Antiprofeta / Centrino Killer Cost Starkiller / Lágrima de los Dioses)

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