Ballet deforme

Aterrizo de nuevo sobre la corteza de Eideen con tan pocas ganas de amar nada que los segundos se me comen en las primeras horas del alborada. En mi baile esperpéntico por desamarrarme de la almohada danza macabra que me embarga desde el primer latido que bate mi sangre espesa en los cartílagos de la mañana que se abre disciplente para todos aventando pesadillas para que surja una nueva: el vivir sin ganas anhelando la victoria final que es abrazarme al esqueleto de la muerte. En las hordas de sinrazones para postrarme a escribir mi cuento malogrado por un infausto sufrimiento anclé las derivas que venían vivas pinzando mi piel en las vértebras de la continuidad ficción que me lleva a tener pensamientos estrafalarios y extraños en las penas que cual corola coronan toda mi existencia. Soltando amarras me deslizo sobre la cuchilla que pone en jaque mi vida oscilando en las pendientes que se balancean en la cuerda que cruza el abismo cada vez más mohosa y resbaladiza y ahí sin que nadie me oiga en medio estoy. Caen las gotas de lluvia amparadas por las nubes hay tormenta fango y tempestades y luego el sol fulge descubriendo mis desnudeces que se encaran a la nueva jornada sin gloria ni dinero ni retorno ni valija llena de versos de poesía que quiera que se estampen sobre la sangre de los libros que chillan en sordinas y mutismos sacralizados por la tierra pero desamparados como los omoplatos de este poeta que ya es un cadáver cuyas manos escriben desarreglos que fluyen hacia quién sabe dónde perdidos en el extravío mortal de subastar mi intelecto y desaprovechar mi alma pecadora.

(Gabriel)

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