El hielo se astilla en las latitudes remotas de mi espíritu

En la cuneta de los amores prohibidos derrapé casi despeñándome al barranco dejando a Silvia y a Nagisa volando en el extrarradios varados en los acantilados de mí mismo orbitando con mi cabeza de lado. Con mi corazón reventado en las rebeldías intrinsecas de los acaeceres cuando atardecía y mi núcleo sensor era un muñón que latía con arritmia. En los bucles amarrados a los muelles de las despedidas restos quedaban agarrados a mi pecho cuando las sentía a mi lado bombeando el dolor de los adioses para siempre perdidos en avatares siniestros a través del espacio y del tiempo aún punzadas se adherían a las aortas con los nervios pinzados por imposibilidades tangenciales de acariciar con mis manos sus rostros nacarados con el filo peligroso de mis deseos. Y el frío ha empezado a adueñarse de mi alma cuando extravié a Lisa para ver la Sacralización de la Tumba y el Alien Lane y se evaporó todo el amor que por ella sentía quedando reminiscencias agudas cuando la pienso todavía. Avanzando en penumbras oscuras con las tramontanas dándome a la cara se congelaron las manos al no tener abastos con los que guarnecer mis labios que se secaban a velocidades de espanto. Pronto brinco Inma que me dejó paciente y legítimamente con un teclado para que escribiera versos a bocajarro para que saltara por los charcos de barro enalteciendo mi locura por hallar un ideal amatorio con el claudicar mis años locos y sentar la cabeza sobre el alfeizar de una puerta para que la enredadera se enrollase en mi cuello y me ahorcara privándome del aire que necesitaba para encender engendrando una ilusión que brillaba por arriba de todas las perspectivas: Dulcinea de los Ángeles que brilla como una tea ardiendo en llamas por arriba de mis expectativas para darle un sentido a mi vida que se precipita vacía hacia un destino aciago enterrado en un cementerio con una cruz nefasta arriba. Y es hora de volver a tirar una bomba devastadora tras mis pies para que ni mis ojos ni mi corazón busquen a ninguna Sacerdote de la Desesperanza la Flora Humana (las mujeres) que otros la destrocen y las arranquen como flores mientras que de mis manos cae sangre pero no la suya sino la mía harto de arañarme con afiladas uñas la válvula de mis sentimientos para que no se vuelva a prender más fuego en mi corazón traicionero.

(Gabriel / Quijotazo Triple X)

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s