Hablando solo

Atardece heridas queman arden desde los huesos la piel atraviesa el alma neblina brumosa matinal dispersada dejando fragmento abierto tul sedoso transparencias haces solares recorren relegando sombras lastimeras esperan en la noche pacífica horrorosa terrorífica los fríos silencio que se cuela debajo de mantas difuntas bajo párpados temblantes donde pupilas deliran de durmientes fusilándolos a pesadillas con lo que más temen. Siluetas cristalinas contraponen los nervios y arterias de edificios enfrente del mar que mira enrabietado como ha tomado el lugar la lacra planetaria impidiéndole ver a su hija la montaña que sigue llorando al ver como en una fugacidad ni porción de eón se ha destruido el litoral mediterráneo. Como pequeños fuegos fatuos la especie desvastadora avanza para aquí o para allá prodigando fantasmas haciendo alarde de cordura cuando nadie está bien de la cabeza Aquí Abajo y sólo habla intrusión de pensamientos ni Ángeles ni la fuerza Esencial ni Dios Primigenio. Los niños juegan despiadados chillando los árboles recordarán de aquellos su malignidad inocente antes del paso hacia lo adolescente para entrar en la pubertad haciendo homenaje a su divertida maldad tosca peligrosa y bufona pues la conciencia va entrando en sus cabezas de pequeños falsarios e hipócritas. Las aves tocan nubes se enredan sus alas desplegadas por arriba los cuerpos de personas que solo ven un cuarto delante y el resto es todo tinieblas mareantes dándose por satisfechas que hay más luz que la que los ojos recrean en la refracción de las partículas. Y es hora de partir de salir hacia adelante mientras yo enclavado en una penumbrosa habitación me declaro culpable de mi debacle al no haber sabido sortear a los sinvergüenzas que llevan a la sociedad hacia el desastre nutriéndola de mierda y escombro y con mis cadavéricos dedos tecleo esto ataviado de legajos mortajas sudarios y andrajos con tinta que desnuda en parte parcialidades de mi espíritu denostado como ciudadano que quería aportar al cómputo humano mi conocimiento y sólo escupe como Caronte sobre el teclado mi malestar de ver como más y más infames hinchados de codicia y mal caen ahora por egoístas a lo abisal.

(The Last Levi)

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