Crujido

En la alacena de los amores perdidos acumulados y amontonados como una pira ardiente que no se consume en el transcurso de los años situé las banderas que ondeaban del fracaso para que se quemaran también junto todo lo que sentía en los cariños chamuscados vencidos en la tormenta ciega de entregar el corazón y que no se rompiera devolviéndotelo entero reconstruido con el azar del destino habiendo encontrado el amor verdadero en las crestas de la montaña y los caminos escarpados de la vida que traicionera va matándote a cada silencio total y absoluto. Pero las veredas me han ido llevando a la nada más arisca con un principio de dolor y mucho de vacío en los adioses nunca dichos mientras corría en dirección contraria con lágrimas de sangre en los ojos mientras ellas bailaban encima de mi cadáver. Y ha habido tantas tempestades ya que corroído por el óxido del rocío me despierto desganado de calzarme los zapatos y avanzar en una negrura tapada por fragmentos del sol sin remontar a ninguna en mis espaldas ni darnos besos matinales. Sobre mi esqueleto pesan los enamoramientos que no se llevaron a cabo y voy librándome de ellos tirando bombas atómicas en mi núcleo sensor no dejando más que islote donde la desesperanza se tiñe de desamparo en los oasis que he ido calcinando para que no reste una hebra de cabello de todas ellas que dispararon andanadas tumbando todo lo que yo era. Y huele a soledad en los aromas que otrora otras me trayeron tal si fueran mis esposas y que se han mezclado con el polvo de mis pasos solitarios. Solo en unA ciudad extraña encaramo la cuesta de la playa para arrojar al mar Mediterráneo lo poco que queda de mis lágrimas y que las engulla en mi insignificancia mortal cuando las golondrinas han partido y no volverán llevando la luz de mis ojos que ya se apaga cuando bajo el dosel de la cama despego los párpados y mi única ilusión es morir en el día abierto a cada instante a cada momento en cada segundo penetrar en la muerte a ver si su rostro incógnita desde los albores es de mujer para besarla o de hombre para agarrar su mano y adentrarme en el reino de tinieblas en el valle del rechinar de dientes.

(Gabriel)

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