Carbonizada la esencia del Tiempo en lágrimas hipócritas y viles

Y allá van los días de mi vida rumbo a la palestra de los mediodías en melodías monótonas y repetitivas sin saber aún quién soy idealizando los bordes de las faldas de las mujeres que vengo a amar en las zonas prohibidas de las estaciones que encaran todas al norte de los sistemas donde se abocan los anatemas y mi corazón comprimido de dolor chilla a las mañanas nocivas cuando el Gallo reclama sus cuernos al Dragón que pasa por las nubes sin intención de devolverlos jamás luciéndolos en la frente y los rayos de sol se cuelan por la cortina que se mece dejando para otra noche mi conversación con las Súcubos que me han tomado por un consultor que pretende sus bienes indicándoles que a largo plazo es insostenible tanto sufrimiento. Oh Cero Amo y Señor Absoluto de Todo el antiprofeta que vive en mí te clama que no consientas que los muertos se levanten para devorar a los vivos y se escampe el apocalipsis sobre la Tierra. Los minutos pasan las horas me angostan perdido en turbulencias y fantasmas que no viven en este mundo. En los montes agonizan centenarias encinas como mi pecho en un puño en lentitudes erosivas anclados al suelo sin poder volar o caminar como cuando antaño en las Montañas de la Magia salíamos yo sobre sus ramas y sus raíces transitando la corteza de Eideen a provocar pesadillas a los que dormían como almas en vilo mientras regresábamos riendo a carcajadas antes de que el sol nos alcanzara en las penumbras matinales que abrían paso a una nueva jornada con las gentes inconscientes y temblantes como ripios puestos de pie hacia atrás y hacia adelante. Es de noche oscura a plena luz lo sombrío y tétrico recorre las paredes dispuesto a devorarme más yo invoco a Botis el demonio de hacer las paces si quieren más detrito o remontarse en el aire después de Tres Trasvases. Gélidos despertares atormentan mi alma de poeta en una tragicomedia que es más drama que otra cosa azur los muertos se desparraman por las aceras y tienen ojos y cara y piernas y yo como un difunto más me adentro en esas mareas mientras atomizo el momento como una nada sobrecargada de vacío fuera de mi cuerpo y las serpientes corrosivas y venenosas del anhelo se fijaran en todas y en ninguna. En las puertas de mis sueños llaman suavemente unos cadavéricos nudillos son los de Claire que en forma de espectro deslumbrante se descompone en el aire nocturno sin que yo pueda hacer nada diciéndome adiós nos veremos la próxima madrugada cuando el Gallo cante reclamándole al Dragón su cornamenta y que ya no va a devolverle nunca como en los promesas de mis despedidas a los limbos australes de la pira de mis poemas que como este que ya termina no volveré a leer más.

(Antiprofeta)

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