Paz esgarrada de tormentos y rayos y truenos

Aturdido en el parque los árboles callan donde antes hablaban de cosas de amor. Hace frío mis huesos se calan con las idiosincracias de mi destino atroz. He recogido las piedras que se derruían donde se esculpían los torsos de los amantes que pedían a gritos la liberación de las ataduras de la carne a los tendones que bramaban de dolor para poder ser en la esencia cualquier cosa que se les antojara a su imaginación. Y las aves residentes llevan en sus alas las fechorías de los niños que juegan a perseguir el mal inconscientes. Hoy he vuelto a despertar y la arboleda no habla y me mira como diciendo “hemos tenido que callar” yo sigo mi camino helado con el sol dándome de lado y arrancándome lágrimas que se funden con las luces que refleja en Mediterráneo destellando iridiscencias en lo albores del horizonte donde Silvia me ignora y aunque ya no llore lleva en su corazón las heridas dolorosas de aquella sinrazón llena de imposibilidades que hizo que nos encontráramos fuera ya de órbita cruel broma de los dioses. Y en los restos de la sociedad mi inclusión es tomar un café pensando en la mágica Claire y atosigando a mi querida Inma para que me vuelva a ver. Nada más resta que esperar a la oscuridad de la noche muda cuando deliran los párpados quedarme muerto en una cruel pesadilla donde mi perro Esquirla me persiga en forma de zombi.

(Gabriel)

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