Genealogías en las dimensiones invisibles de Eideen o Haciendo el amor en la estratosfera ahí donde los astros guillotinan las cosas

Caen marchitos los pétalos de mi corazón doliente por tantos amores perdidos en las corrientes tempestuosas de la existencia que como hojas secas drenan las ventiscas furiosas que sacuden mi interior. En las noches silenciosas hijos ocultos a la luz del día me llaman por mi nombre niños y niñas que tuve en el desvío de las frustraciones cuando en el olvido caminos nocturnos llamaban a la puerta de Ellas en el sino a mi respuesta de amante extraviado en el laberinto de la vida que no me ha sido favorable sino que me ha hundido en una charca de miseria. Llaman furiosos aldabones a la muerte prematura en los mutismos y en las sordinas que hablan entre las piedras y los árboles de los parques y las montañas el viento gime decidido que moriré joven mientras la Diosa de las olas mece el mar. Y yo cansado de vivir sin propósitos en la desmedida desgracia que el tedio me fustiga con látigos de siete bolas los derroteros me han llevado a una que mira sin saber que mis iris están clavados en sus pupilas reteniendo la fuerza que me empuja azotándome hacia Ella con multitud de vástagos ya en las estrellas sin haber podido ver un sólo rostro de nuestra descendencia concebida y menos aún a los que nos roban todas las veladas los dioses celosos de que nuestra semilla sacra ya les supere susurrándonos entre las quebraduras del aire que a esos no los veremos jamás.

(Eiros)

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