Faetón y el Carro del Sol

Mi inspiración hechizada en los silencios de la madrugada congelada por los sinsabores del destrío de las lágrimas abocadas a los pantanos de mí mismo en la negrura de los nubarrones de tormenta que bañan mi alma con torrenciales cascadas contaminadas por los indolentes deberes del existir cuando el astro solar oscuro como una sima se cierne sobre mi alma en pena. Y ya he perdido el control mi inspiración se tiñe de amargura en los rojos sangre del alba cuando vuelvo de las tinieblas mortuorias al descalabre de las realidades pintadas de transparencias dispares donde ves al prójimo tapando sus desnudeces con falsos legajos que amortajan los sudarios de la tumba algún día en la línea horizontal de la lontananza sepultados bajo cielos de discordia unidos en la hermandad fraterna del gusano necrófago. Y sólo hay hebras destellos en mi soledad que ven esperanzas efímeras en el ojo ciclópeo del tiempo de trascender con garantías en las brechas que la luz deja de día si el peso del amor supera a la materia maldita que camina con un rastro de desolación tras las espaldas manchadas de linfa Primigenia.

(Apolo 13)

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