Un segundo de paz es mucho

Juré que no te amaría nunca más pero en los jamases baldíos de los minutos en procesión sin cirios hacia el abismo hueco y vacío de la nada era mi corazón contra mi palabra. Dije que te asesinaría pero no para que fueras mía sino que todo lo contrario te alejaría convirtiéndote en ceniza. Los fuegos fatuos brillan entre las negruras de espanto y ahí está tu mano nacarada de falsedades para cuando llegue a través de pantanos y marismas la asa y siendo bruma caiga a las profundidades de las simas hundiéndome en arenas movedizas sin más fondo que el limo en el nadir del mundo con mi espalda traspasada por un picacho sin poder vivir ni morir viendo cómo fulges en la superficie riéndote de mí, Claire.

(Apolonio)

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