Terror en los pliegues de la cortina

Aúlla el viento sacudiendo los árboles meciendo el mar que que se estrella contra la costa en algún lugar donde los acantilados escarpados erosionan las expectativas de volver a las infancias demolidas por el paso de las décadas. quedando como ramas secas o ceniza que se esparce en el vacío del olvido cuando las jornadas se disipan todas lamentándose con escapularios en las manos. Se oye el llanto repiquetear en las distancias de mujeres llorar por la desventura de sus hijos que se lanzaron a navegar en una tierra llena de peligros. Y retumban los océanos con ruidos sordos mientras la fe se hunde en ciénagas donde silban gigantescas libélulas y los portones de los castillos bajo el agua se cierran y los ahogados no hallan lugar donde reposar ni sus penas. ni sus almas. En los lindes amorfos de las dimensiones continuas se tiñe de roja linfa todos los nombres y ahí en las fechas que se celebran todos los días cualquiera de ellos manchado está de violencia y sangre escarlata. Y es inútil la alegría y el entusiasmo allende las noches que van segando vidas. Oh amor derruido en los divorcios para siempre tatuados quedan en la piel que ignora los retornos de los cadáveres de las golondrinas. Y corren como arroyos los infantes desconocedores del destino sin estrella que les alumbre el camino que lleva a casa. Rotan los soles y las galaxias perdidas y sólo brilla en un cielo rebosante de negrura la oscuridad de la desesperanza.

(Gabriel)

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