Vendrá la noche sin sol y sin estrellas

No existe la luz los pequeños agujeros negros de los ojos recrean un voluntad misteriosa que al adecuarse por vicio todos los días a la inmovilidad estática de las cosas parece que el cuerpo forma parte uno con todo ello creyendo conocerla toda. Pero nada más lejos de la verdad: Eidiina procelosa escampa los colores y los brillos que destellan delante de la mirada a cada uno lo que está predispuesto a ver. Y aunque la iridiscencia parece omnidireccional solo vemos un fragmento por la cavidad ocular mientras diversas formas y colores oscilan en las direcciones del aire y que la pupila humana al no estar preparada no alcanza a atisbar. Los árboles ríen cuando les cuento que el hombre vive en una Monocapa a la que Ellos llaman One Visión. Y las alucinaciones de cuerpo a cuerpo parece de lo más normal como si no fuera extraña ya la existencia y de un milagro se tratara. Pero hay infinidad de cosas que el Hombre ni ve ni percibe: Pero en el lecho de muerto las sombras van tomando los contornos de los moribundos muriendo en la negrura las serpientes profundas del Tártaro rondan perfilando ante la luz que creemos nuestra aliada: en los cordones que atan a los futuros dioses de la humanidad tendrán que volar a un palmo de suelo con todo oscuridad y detectarse los amores Sacros con los ojos cerrados mientras el corazón bate latidos de amor para agarrarse al ideal y saltar hacia el fondo del Universo.

(Apolonio Guillian)

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