El poder de las piedras

Sentado en el porche de las desgracias donde se puede ver surcar los grandes poemas bajo el Cosmos yo no me atrevo a coger ninguno porque no estoy a la altura de lo que Dioses proponen para que dé a conocer inmensas ideas en forma de prosa o de verso y se conozcan a través de la poesía las desesperanzas y la fe que encara a muchos a la proa de la eternidad. Y el peso cae sobre mis hombros al verlos pasar y no decidirme por ninguno escogiendo seguir plasmando estos textos en los que se desploman las expectativas Sacras a inmundos y ominosos orificios de miseria. He bordado en los lindes las onomatopeyas de lo cósmico Dios tirado al suelo al que le botado un diente y solo espera hundirse más en el fango de la ciénaga horrenda para que los hermanos pasen por arriba y se constelen entre musicales nebulosas y que se acuerden quizá que muchos cuerpos tendidos en las montañas convertidos en piedra impidieron que lo infernal salga del suelo sin tender siquiera una mano para que los hermanos universalizados la recojan y quede ahí hasta el fin de los tiempos: muertos en una sin muerte sin vida pensando aún en lo banal del mal que desarrollaron sus coetáneos.

(Caveman)

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