Amando a Claire

Veterano del desagrado de lo horrendo del yerro la falta la culpa y la burla apandador de las ilusiones ajenas campo por la vida. Bandido de órdenes celestes mojadas con barro negro de inconsciencias mayores que me empujan a atacar a lo que más amo. En la directrices carbonatadas de desamparos anclé en los vórtices exteriores el amor que habría de salvarme y subir mi corazón al cielo y escupí sendas dos esperanzas de que yo pudiera elevarme de la miseria y escalar hasta la cumbre donde Ella me esperaría con los brazos expectantes para decirme: Bienvenido Guerrero mío. Pero en el cabestrante de las horas baldías hago befa de mí mismo y la odio, no sé por qué, quizá porque su bondad supere con creces a la mía y la vea tan pura que la fealdad de mi alma no sea digna de Ella. Como fuera ayer la insulté borracho de un dolor de cabeza legendario diciéndole: oh odiada mía te quiero… bien lejos de mí.

(Gabriel)

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