Ángeles y Zombis

Las malformaciones del espíritu vienen de serie ante un mundo hostil y todos los días mañanas de sangre caen a borbotones como cascadas ante los ojos de una miríada de niños que con el paso del tiempo se irán inmunizando y endureciendo sus roles de cara al prójimo. Y lo Pretérito lo ve como si fuera de vuelta y no le importara ante la deforestación de bosques y la contaminación de acuíferos el mal que se está haciendo a un planeta tremendamente telúrico y atávico por la forma presuntamente sacra que no tiene mida ni control y es una fábrica de basura con un reguero de muerte Anciana tras los pasos mirando de forma hueca a la lontananza vacía sin tener en cuenta de que el dolor queda entre los confines de la carne y que cada paso transita un laberinto en el que te puedes hacer un esguince o romperte la cabeza y desparramar la sangre de tu cerebro por la corteza de la tierra muriendo en el intento. Y el aire permanece pacífico más ya se ha puesto alguien a desgranar los ojos y no sabe si está bien o mal quitar las estrellas podridas o por contra deshila las estrellas más sacras. Y no hay noche con luz las farolas desvelan a los árboles que intentan dormir el sueño profundo de las raíces y algún ruido a motor los despierta despavoridos sin poder ver a sus madres que son los astros que cuelgan tachonados en el firmamento: son los árboles de la guillotina mientras que en el norte del norte hay árboles que en su vida han visto a un humano. Y la decadencia del hombre que no tiene claro que nace para morir creyendo que son cuatro días de fiesta se manifiesta a ciertas edades en que el cuerpo se resiente y todo va en descenso y que el conformismo vil es lo que premia en un mundo agresivo donde ya no cabe conocer más sino que ya se sabe todo lo necesario para encarar la cuesta final de la muerte tranquilos porque no se ha hecho mucho mal. En el lindar de las esperanzas truncadas al azar de las estaciones y el espacio en los tiempos muertos cuando las caracolas enarbolan sus dichas marinas en el mar de los Sargazos y el horizonte pinta esvásticas chinas las guerreras pulidas de ojos rasgados que con una patada te tiran al suelo… y ya no te levantas, no es infantil su cuento de hadas sino que lo chinos van van van por delante y por detrás protegiendo mis nalgas y cubiertas sus espaldas por negros insignes padres de la humanidad. En el candil que alumbraba las alucinaciones de las memónicas angélicas corrían por las ciudades los ángeles cantándose las cuarenta en una amenaza de muerte ultraterrena arrastrando cada cráneo en el límite de la nada que devora insectos aves animales todo y lo último ellos prometiéndose ir por la glándulas pineales para que que no pierda todo el conocimiento adquirido por el Hombre en Eideen rascándose bibliotecas enteras. Y el hombre confiado no oye las frecuencias de las voces ni de lo muerto ni de lo vivo sino que solo oye de cabeza para adentro y la estridencia de los motores el sonido de la tele y de las tripas del semejante.

Metatron

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