(Lírica de la negrura)

Por los montes escarpados y siniestros caminos de la mente tortuosa se adentraban en las tenebrosidades de espanto los pasos del caminante que buscaba verdades por riberas y por prados en la sendas más allá de la mente guiado por los latidos de su corazón que bombeaba sangre amarga al ver allí lo que se encontraba: prójimos pecadores sin perdón de edades lejanas sumidos en mares ahogados sin poder vivir ni morir deseando que de una vez el tormento acabara. Cabalga le decían llega al final de alguna senda en los corredores del alma y alza tu voz en los confines en las aristas de los tornos pronunciados de las estrellas y pon aunque sea de uno en uno pon en marcha la redención. Pero si ahora, dijo él, más y más infaustos inconscientes van cayendo al mar de dolor… sin que parezca que vaya a cesar nunca. Corre diles que nuestro sufrimiento es tenaz y queremos salir del barrando y no pecar jamás. Y en llegado al despuntar de la noche cuando el sol regido por su ciclo cósmico y solar en la lontananza del brillo del amanecer gritó: ¿Y qué puedo hacer yo? Y todo callaba espectáculo de belleza el astro saliendo resumiendo las penumbras relegándolas a la claridad y pum: la sombra del viajero se desvaneció en las nieblas noctámbulas y quedó muerto sobre el lecho atrás el calvario con nuevos malhechores cayendo al océano cárnico que se agitaba mientras los seres de la tierra abrían sus ojos y volvían a sus quehaceres diarios y una fina llovizna se desplegó.

(Apolonio Guillian)

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