Flor de una visión truculenta

  1. Sentado en el borde del precipicio vespertino viendo la vida pasar a punto de desplomarme hacia el acantilado notando la vida escaparse lentamente en la rapidez vertiginosa del tiempo contradictorio rododendro espiral viciosa que no ampara mis huesos quebrados de tanto trepidar por el suelo en las noches fieles de pesadillas a la luz tenebrosa de las tinieblas que el sueño desprende en los silencios quietos del desagrado de despertarse sin tener nada que hacer ni a ninguna amada al lado y con los pies tumefactos salir de la piltra de los enamorados de soledades promiscuas en los listones que la fe pone para encarar otro día que encandile mi mirada de enamorado y dirija la proa con el timón amarrado a una nueva conclusión conforme en las celdas de los mal sueños las jaulas donde mi alma vaga a la deriva perdida por derroteros de ultratumba en los deslices del viento nocturno que se cuela por mi ventana diciéndome que es otro día de morir ve y muere entre la vorágine y el tedio de tu especie y busca ceros gente que reconozca que no saben por donde van ni cómo acabará todo esto… Pero yo cansado de no hallar más que cuerpos que vienen y vuelven y que teniendo las cosas claras llegarán a donde ellos sabrán mientras yo en círculos me muevo agotado de las jornadas que ruedan sin cesar rumbo al contenedor de los detritos mi ser que ya no sabe a quién implorar mis vicisitudes y calla achacándolo todo a los malvados e infames de la humanidad que la impiden progresar.

(El Hombre que será el Juez)

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