Balas como panes

En la cumbre del desprecio hombres esputan a los que caminan por abajo sin saber que tarde o pronto caerán desde al acantilado que se han forjado. No hay luz de paso sobre las siniestras colinas que miran aburridas el rastro de sangre que algunos dejan. En los parangones maniatados de la fe chirriaban las estrastosferas que anudaban las paradojas a extremos peligrosos en los derrapes mortíferos que llevaran a una especie entera a la ignorancia bulliciosa de los deportes de sillón y sofá en pantallas telesféricas. Es de ver el provecho que sacan muchos a costa del sufrimiento ajeno y pese a que las maldades son sabidas se van con el saco todavía más lleno. En las alforjas del alma se vendían a precio irrisorio los intelectos que llegaban a cimas escarpadas para indicar los senderos a lo postrero y a lo mayestáticamente eterno. En las sacas de las empresas armamentísticas se reparten el pastel que golosos devoran sin saber que la muerte ama y señora de la vida observa desde el dosel sombrío agitarse el estertor a los amos de la guerra que despiertan infladas las cuentas corrientes a cambio de creer que es suyo cuanto ven sin percatarse de que una fosa gris al caer las hojas de los cipreses se reflejará en sus ojos y tendrán que vivir una a una cada vida que segaron.

(The Last Levi)

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