Poemas drogadictos II

(Oh Nuestra Señora del Placer: no tengas compasión de nosotros o El amparo de los culpables o Relax en Les Palmeretes o Una pascua cualquiera o La tuerca girada exprimiendo intelectos o Pasado de rosca o La máscara de los diablillos o Sólo me mueve la veracidad de lo falso o Que me quiten lo bailao o Péguense a rueda y saquen sus propias conclusiones). He girado las aspas de los molinos para que Don Quijotes, Dulcineas y Sanchos Panzas desesperados se estrellaran borrachos y drogatas contra las hélices de realidades capaces de desmoronar las paredes que chocaban enfrente de los muros que portaban las verdades de un acercamiento a lo posible del sueño valenciano tan fatuo como duro y destructivo. Han caído bolsitas de pastillas y cápsulas, papelas de coca y speed, chivatos de chocolate y la virgen maría y cartones estampados con fresitas y letras moras además de sin fines de botellas de ron whisky o ginebra, etc y cerveza  y cazalla para los lugareños más locos o iluminados ante el avance pordiosero de MI particular debacle que profundizaba en descalabres a medida que las noches transcurrían entre las paredes del aguacero de las discotecas. Y llorando como un pelele sobre las mantas huecas de mi cerebro se colaban las intransigentes certezas que colocaban a mi cráneo inerte en el alba de las resurrecciones que a raudales manaban amaneceres de tristeza ante el sol que merodeaba por allí trayendo noticias de los agujeros que dejaba mi testa. Difunto en la palestra del mediodía las agonías se sucedían en porciones de angustia que rememoraban los lapsos nocturnos con los cuales era el rey de la oscuridad en los reinos tenebrosos que disparaban mis ideas camino de una calamidad funesta. He trabajado mucho pero el resultado es tan abstracto que cuesta dilucidar las visiones que antaño hace unos minutos venían a asediar mi perola hambrienta de más. Escalan las agujas del reloj giran sin pausa las horas se acaecen en el desconsuelo de no poder atrapar ni una hebra de porro ni una mota de polvo de la flipada. Y tirado sobre el hangar de las desilusiones me despierto asombrado de mi propia inutilidad de no poder cercar aquellos estados en los que las sombras me venían a aferrar y que yo desfasado no hacía más que bailar espantando a los espectros que sitiaban mi conocimiento de estar moviendo el esqueleto en ese momento. Y al fin bruma mañanera después de rebajar la torta con Amparo indeciblemente busco las claridades que se filtran por la ventana imprecando a el dios de las tortas que esto no sea para siempre. Se cuelan las pesadillas vespertinas y al andar de demonios rondando mi cabeza sólo puedo vacilar. No lo haré más. Pasa rápida la semana en los filos de la fumada y el viernes llama de nuevo a remontar el alpinismo (y después el abismo) de llegar a la cumbre más alta de la montaña y tocar la tempestad con la yema de los dedos temblorosos. No tengo palabra si no para machacar a la chica que espero follar en el bajón de las albas cuando el cuento de los subidones no es más que un cadáver que fornica con su propio aspaviento que trepida con cada sacudida: Amparo Amparo Amparo.

Gabriel

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