Pálpito etílico

En las amígdalas de la concordia anclé los versos desesperados que aullaban atemorizados palabras de amor que se derrocaban ateridas hacia infaustos abismos de dolor. En las gónadas del desprecio vislumbré éticos pasillos donde alunizar mis deseos pretéritos en hordas amarradas de distantes pensamientos que sucumbían sin cesar precipitándose sin más a la brecha insomne de la desventura. He querido paliar los efectos mariposa en órdenes jocosas más allá de las caravistas plastificadas por meandros suicidas. Pero al alborear de las innatas ordalías maniaté los ejércitos pulidos con cristal de murano para elevar el canto esquivo de la fe por concretar amores imposibles que morían al pasar las horas baldías en los eslabones del tiempo. He hecho poemas mejores sin dudar y también peores sólo que quiero apuntalar en el picacho más longevo que amar con desordenes distantes puede conllevar tristezas y sinsabores que florecieren con estratos amargos en los desiertos más solitarios tragando seca arena en los limbos del extra radio más apartado. Y soltar de una vez que todo es relleno para sincretizar en hojas de polietileno: te quiero… matar.

Apolonio Guillian

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