Cuando las piedras desvarían #2

En sueños asombrosos me materializo metamorfoseándome en todo lo que existe junto a Silvia. Y ahora somos dos enredaderas bajo el sol de junio tocando bien alto las hojas que se deslizan al suelo indicando en cada una que ahí había un beso. Y al tocar el polvo brotan magníficos árboles que crecen hacia el sol con sus corazones llenos de esperanza. Y con la savia bullente las esporas brincan con brillos por el aire. Y cada partícula de polen lleva impresa la faz de una hija para que se desarrolle lejos de los brazos de los padres. Un ciclón entornado agita los troncos que se desenraizan y corren por el suelo veloces para ver el destino definitivo que le aguarda a la camada y no ven sino un precipicio que les separará por toda la eternidad y allá van dispuestos cruzar las galaxias de agua y los padres contrariados construyen una balsa para perseguir los destinos a riesgo de zozobrar. Y se pone a nevar. Y ellos sueñan y cuando pase la barrera de nieve y el cielo se viene a despejar: ven en lo alto a las estrellas que saludan: ¡Mamá! ¡Papá! No nos vengáis a buscar llamaremos a la estrella del norte para que ilumine vuestro camino a puerto de regreso. Y los papas les dicen: que nos oriente hacia la otra orilla. Y así fue. Ahora todos están contentos. En la palma alada de la instauración las familias se despliegan rumbo la materialización de la llamada de la naturaleza.

GABRIEL

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