Tómame de la mano (2013)

Eres una inútil Silvia que me agujereaste de cabo a rabo para dejarme tirado como si yo fuera para ti un esclavo. En los clavos del martirio se han anclado en mis manos las heridas que han trepado hasta mi corazón dejándome los ojos lacrimosos en un despiadado cerrazón. Fuiste una estúpida si pretendiste que te amara para toda la vida. Pues sólo hay espinas en mi pecho traspasado de tanto desamor. Y en los círculos de las circunferencias se trazan los desmesurados castigos que me acaecieron cuando una y otra vez te maldecía y te odiaba de forma desmedida. Pero tú verás: estás todo el día pegada a mi espíritu y pensamiento que sólo dictamina la forma de olvidarte y relegarte a lo lejos de mi atmósfera. (Muchos pensarán que estoy loco, que me he inventado esta telepatía, que sólo es fruto de mi locura: pero mi núcleo sensor se agita y la oigo en la lejanía y los astros giran y traen consigo una sinfonía: latir deprisa acelerar la agonía para que cuando en aquel día al retornar la encuentre desvestida de toda hipocresía y que en plenitud nos podamos amar sin pausa ni prisa). En nuestro amor se descosen las costuras a velocidad vertiginosa y queda esta melodía: Te odio te odio te odio y tú repites amada mía: Me da igual todo lo que digas Conozco tus entrañas y algún día serán mías Al igual que tu cabeza para asirla y fundirnos en un beso que detonará todas las altitudes esféricas. Y vocifero: Cállate, déjame concentrar la energía: ¿Oyes mi palpitar como te dicta: aléjate aléjate aléjate? Deja que coja un puñal descomunal y te lo adentre que desgarre el telón que nos separa para agarrarte y desgajarte como lo que soy: un asesino de mañanas. Y tú altiva y confiada: Espero la ocasión cuando vengas nos fundiremos en uno los dos. Y sosteniendo un cuchillo sobre mi pecho aprieto: ¡Ay ay ay! oigo gritar ¡para! Y de la sangre que mana tomo mi pluma y escribo estas palabras: En la ignorancia de los sentidos tenías en tus manos el poder de activar la bomba para unir los mundos y que todo fuera reunido y lo has dejado morir. Y tú cabizbaja y decidida: No morirá jamás. Y volvemos a empezar: Te odio te odio te odio…

GABRIEL 13

 

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