La integridad de las matemáticas

Hay un fuego que no quema como una luz en las tinieblas heredera de Olimpia son las flores del mal predilectas (los poetas) que mantienen viva la llama. En las desgracias calamitosas que se deslizan sobre el suelo de Eideen no hay paz ni en el sueño que patina sobre el cansancio para poner los pies en el suelo otra vez. Todos traspasan la línea de la frontera unos caen y se estancan y otros no tocan tierra y echan a correr y en una procesión fantasmal van colocando las fichas sobre el tablero. Y fulge el brillo inmaculado de las almas que han llegado y colocado castillos estrellados al borde del abismo. En montañas rocosas y escarpadas palacios y auditorios en piedra tallados donde no había más que cantos musculosos indican el paso cósmico la unión de civilizaciones galácticas y las pasarelas a los perdedores que indican la redención cuando los que vienen detrás de mí hagan retroceder la nada para que saquen los infames y llevarlos a juicio justo en la Nueva Natividad que anillará en un Eterno Presente lo que ha de estar más allá: y que hagan marcha.

GABRIEL

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