¡Oh condena y no fue Lisa la última que me besó!

Rompen cántaros de desdicha los besos crucificados a pleno día que partían allende la Luna para alumbrar necrosis galácticas en los orfeones del espacio. Cada beso esgarra mi alma de poeta enamorado sin razones más que las bellas apariciones de señoritas hermosas que producen llagas y heridas en mi corazón. Como frutas frescas han madurado algunos ideales y otros se han podrido bajo las heladas invernales y los calores estivales y queriendo partir deshecho por las sombras sin despedirme de nadie encaro el camino de los truenos y relámpagos y me pongo a andar ataviado de sudarios hacia el horizonte. En el olvido donde el amor es eternamente para siempre morarán las caricias que arañaban las pieles que se erizaban con el contacto de las uñas que querían penetrar bajo la dermis y hurgar en la fémina alma. Lágrimas congeladas se derriten en un fuego inhóspito deshaciendo los momentos y los instantes que acaramelados nuestras lenguas se entregaban a una placentera guerra. Y ya no quiero nada más que huir soy escoria vasos rotos por la piscina y prístinos restos de coca se escampan pinzando mis pies mi memoria que no alcanza orígenes en la colección de novias que ahora son todas cadáveres hundiéndose en los agujeros de mi pecho astillado.

APOLONIO GUILLIAN

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