Oda malvada

Sumido en una grisácea espera adalid de la cultura mosaico (saber de todo un poco y en profundidad nada) regento los aguardos de las primaveras y los veranos de la infancia cuando todo colores regaban las estancias en malignidades inocentes y rientes que aplastaban las flores que perdonaban la candidez de mis pasos mientras las campanas tañían sonando incesantemente a muertos en un no parar al crecer las tallas de los zapatos y enfundarse la vida real en la defunción idílica de la niñez que mellada como ramas rotas me mira para agarrarse a mi alma y yo no hago mas que fusilarla con bombas atómicas sin querer recordar nada. En los adoquines que llevan a la muerte distendemos el tiempo inconscientes de los consejos de los grandes maestros que indicaban que la vida era una reflexión sobre la zona de la que nadie vuelve al ser franqueada. En la espiral de deseos hecatombes sin freno indican el dolor que se ceba en los huesos y en el substancia la gran despedida que vendrá al traspasar la dimensión etérea en la noche de los tiempos desnudos sin más vestimentas que las tonalidades del espíritu y la pureza de corazón (quién la tenga) para nada más tocar suelo levantarse y adentrarse en otro valle de tinieblas sonrientes a risa abierta o llorar lágrimas que otrora fueron agua y después quizá sangre.

GABRIEL

Un comentario Agrega el tuyo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s