El ojo de la Fruta mira

Tentando a Dios y descalabrado más de mil veces los ángeles no ponen nubes bajo mis pies para que no se hieran ni tengo todos los reinos de la tierra. En la frontera del versificar he traspasado todos los límites que un poeta de mi época puede dar. En los extrarradios subliminales de los estados glaciales de mi espíritu en llamas que se apagan he hurgado a fondo y puesto el dedo en la llaga. Mas esta generación infame en vez de curar la herida lo que hace es poner más argamasa acallando a los que tienen algo que decir bajo el rocío de las mañanas que hermosea el óxido el destello de los siglos que el hombre lleva asolando la corteza de Eideen. Hay una luz que todo lo baña inclusive en la noche del alma cuando lo oscuro delinea las pavesas lejanas y la sume en terrores y texturas noctámbulas mostrando los caminos que aguardan cuando el cuerpo caiga. Que troten las alucinaciones en desbandada por el descampado etéreo y si alguno ve un árbol correr que no se muera del susto, a no ser que no sean nuestros aliados.

AP

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