(Mártires del nuevo advenimiento o Placentera flagelación o En la placenta de las entropías salvajes o Después de correrse). En los límites del desfase cuando los anatemas portean melopeas sin nomenclatura y los peritos nocturnos tasan los desastres que sublevan la corriente de ideas que patinan en la noche oscura rumbo al desagüe de los enfisemas en la corona de púas inserta en el cerebro y en las secuelas de las espinas que pinchan los motores que discurren sin pausa hacia la cubeta de la desmemoria que olvida los motivos propulsores al enervar las pajas el glande del placer que ya expira acelerado camino de hecatombes a bocajarro en el lindar del extrarradio lunar de los boquetes en proporción alveolar a los cráteres impresos al trono de vencimiento que sucumbe en la potestad de las sustancias que se ingieren para hacer más llevadera la cosa. En la lavandería de imágenes el gatillo rueda cargando el tambor de la lotería en la ruleta rusa de la calamidad que estira como el último hálito de esperanza el entrar royendo con los dientes la excusa para espolvorear las blancas iridiscencias para que trepen al melón y se agarren al núcleo impulsor de los sentidos promulgando pensamientos que se pierden carretera un fatídico destino. La euforia transita rápidamente por los cardiogramas del intelecto buscando expandirse más allá del centro para estallar en bajones que vagabundean en los extremos de los agujeros del alma que se distiende para contraerse después en fatalidades fetales que raspan con las uñas del exaspero los últimos resortes de la castaña que ya muere horrorosamente aferrada para no caer de las costuras de las sábanas. Y el dolor es recíproco las hojas se desploman sordamente en el ruido que raya los monótonos del ensueño antes de quedarse prendado en el enjambre de turbulentos sueños. Es hora de partir hacia ningún lugar: que en los fosos de los tragos de la fe se tensen los momentos en los instantes de hielo para que descongelen las escarchas de la primavera y que llueva picadura en los estratos al frente de las sienes encadenadas a las vertientes peliagudas de las consecuencias de los actos «ilegales» por formalizar las pasiones que ya vienen a pasar factura mientras deslomado y desnudo sobre la cama voy a tomar la última.