(El poema sin ton ni son o El poema que no va a ningún lado). En los altos de la senda he perdido el rumbo. Mis versos se deslizan tenues en líneas candentes que ni pretenden ser oyentes de los desastres que nos aguardan al traspasar el límite de la muerte. He fusilado mis desamores en renglones trasparentes en noches adyacentes al vacío silente que roe los lindes de la cama que atrapa una tras otra pesadilla en la red celeste de las sábanas manchadas de sudores. Aspirando la tenebrosidad de los repliegues pienso en retirarme para siempre para dejar mis párrafos oscilando en un tormentoso descanso en medio de los abismos pendulantes prontos a caer en un silencioso tormento que dulcificará mis momentos de tinta esparcida y desparramada sobre folios genocidas. Escapado en las aristas de la desmemoria sucumbo a la guerra y esgarro la poesía para plasmar sobre hojas inmaculadas mi verdad que ya muere en el olvido con la soledad vencida y caducada sobre una pira de fuego encendida ante un altar con las corona de laurel seca y podrida.