(La tumba de las estrellas o Cementerio de mujeres o El infierno de las féminas). Las arañas han campado alegres esta mañana por el prado portando alegremente a sus hijas alimentándose de lo necesario para llevar la camada adelante. En la luz que irradian los árboles se ha aposentado el reguero de las hormigas invadiendo tal estado morando en el tronco sin quejas arbóreas ni los arbustos que aguantan la procesión incesante en las vértebras de la razón de por qué aguantar tal desparrame constante de decisión. Todo se sostiene con todo. Y las protestas vienen del espécimen que acapara tirando la totalidad hacia la casa. Las estrellas surcan los páramos abiertas en canal silentes en los vacíos del universo y recorren tras su muerte insignes trayectos que desposan los huecos de punta a punta del firmamento. Cementerios de malas mujeres se escampan en los setos de la galaxia sembrando anaqueles en el dosel de los cometas que atraviesan todas las extensiones del cielo sobre Eideen. En los espacios siderales se amagan en cuevas las acciones que tiran para atrás o para adelante los hechos pecaminosos del atentar contra el Espíritu Sagrado de lo poco que le queda al hombre para despertar volando allende la corteza terráquea. En los mangos del Cosmos se asen disparates que van lentamente entrando en vereda en lo ínfimo que les queda vivir sobre la tierra. Y todo tiene que pasar a no ser que la nada reclame lo absoluto que brinda la esencia en la substancia del mundo… y las estrellas se levanten de nuevo mientras algunas mujeres prueban el fuego de la condena terrena que arrastra indistintamente el sexo por lo aplicado aquí en el suelo.