(Boda mutante). Caminando en el amanecer de piedra sustraje antigüedades que descomponían el mantel en perlas y preciosidades que desprendíanse en butrones escindidos del aire. Cuando el sol amaga las rocas en el cosmos despliégase el arco modernizando las partículas visibles por otras invisibles. He llegado a la vera de su falda colorida con niveles de flores y adornos de dobleces que hacían saltar los peces de mis desbocadas pieles. Si a un trasunto las galaxias me dejaren ver por dónde ella anda seguro que renunciaría a las alabanzas para malmeter un asta de vaca y decirle: «No te quiero esto es residual, cuando la noche caiga otra vez sobre mi cara te odiaré de forma ganancial». Y viendo el día circular me levantaría de la cama dejándolo todo correr. No quiero contra el destino pelear me conformaré con tenerla en la distancia y cuando todo llegue de nuevo ¡la dejaré pasar! «Si no analiza este sentimiento donde los besos de fuego me faltan para llegar allí donde vistes tu desnudez». Y viendo la luz sepultar los astros me ajustaré el pantalón dejando sólo la almohada de lado. Los tambores repican cosa fina Las guitarras distorsionan la melodía y nuestra voz no encaja en el concierto de la vida. Jamás cantaremos al unísono ni bailaremos agarrados en el limo de la estratosfera Sólo queda abandonar los proyectos cuando nos prometimos amor idílico para siempre. Pero harto de vomitar mi corazón a la madrugada esperaré esta noche a que se acerque para repudiarla por todos los orbes celestes. Así en los eones de una existencia vacua pueda escupir en su faz la verdad: mis huesos se astillan mi voz se agujerea mi carne se agrieta Y en mi corazón se han acumulado las veletas del odio y cuando hay tempestad estas giran y giran apuntándola como la causante de mi catástrofe recordando por qué no materializamos al estar juntos esta pasión hecha carne. En las circunferencias del desastre amartillé nuestra descendencia: vestiré sátiros y los hijos que nos prometió el universo morirán con el suspiro que exhale esto: «¿Dónde estás? qué importa, lejos de mí por todas las eternidades que han de venir… exasperado suelto un beso… despega los labios… es para ti… y se quedará colgado en las capas que nos separan… ahora recibe mi maldición acúnala a la hora de dormir es todo lo que tendrás por mi parte… va llegando la hora de cambiar los destinos del viaje al más allá… y sentenciar ante los ojos de «Dios» que nuestro amor va menguando hasta reducirse a algo oscuro: en las crestas del desamor la negrura embarga la totalidad que juntará cuando todo pasa tu boca con la mía para unir en una esta fricción que nos roza violentamente en la distancia sabiendo verdaderamente que no te amo ni te amaré ya».